Hirayama trabaja en el mantenimiento de los baños públicos de Tokio y parece contento con una vida sencilla. Fuera de su rutina, entrega su pasión por la música y los libros. Una serie de encuentros inesperados revelan poco a poco su pasado.
Esto roto un poquito por dentro, no te voy a engañar. La película solo se puede vivir y sentir en Japón. No es un peliculón de estos de mega cosas impactantes o profundas. La mayor parte de la película la vivirás en silencio o escuchando una selección exquisita de éxitos de la música. Pero la película te da 2 horas de pensar y profundizar si eres feliz y por qué no lo eres si tú eres el dueño de tu mundo.
Claramente, la película me ha hecho mucho daño sentimentalmente hablando. He vivido cosas personales por las calles que se ven. Creo que le ha dado muchísima fuerza a la película. Pero la película ya es bonita y dura de por si. No esperaba que, con cuatro subtítulos que tiene, hiciera mella. Es muy bonita. Te dan ganas de abrazar la pantalla.
No puedo hablar más de la película. Ponte a verla.
PD: LA MÚSICA NO SE VENDE PARA ECHAR UN POLVO, NIÑATO DE LOS COJONES.