La trama sigue a un actor que reside en Tokio y acepta un empleo en una empresa de ‘alquiler de familias’. A medida que se sumerge en los diversos roles que debe interpretar para sus clientes, comienza a cuestionar la autenticidad de las conexiones humanas en una sociedad moderna marcada por la soledad y las apariencias.
El protagonista descubre que, al pretender ser el padre, esposo o hijo de extraños, logra encontrar un sentido de pertenencia que nunca alcanzó en su vida real. Sin embargo, los límites entre la actuación y la realidad se vuelven peligrosamente difusos, llevándolo a un viaje emocional profundo sobre lo que realmente significa formar parte de una familia.
Japón. País donde no puedes fingir hasta el infinito de que no tienes corazoncito a pesar de que todos son témpanos de hielo.
Menudo viaje con esta película. No puedo más. Es de esas películas que te engancha de lo mal y bien que te sientes con todas las historias que se cuentan. Me acordaba mucho de 0.5mm cuando lo estaba viendo. Es verdad que tenemos miedo a abrirnos o a tener relaciones más cercanas/humanas. Esta película lo demuestra.
No asombra ni siquiera el tipo de profesión en el que se embarca Brendan Freiser. Es un trabajo normal muy para Japón. La película es 95% japonesa y 5% Brendan Freiser. Aquí no hay nada de Norte América. Y eso me alegra.
Brutal mención a la nenita Shannon Gorman porque, a pesar de ser su primera película, la niña lo hace brutal. Me ha encantado.
Tengo el corazón calentito. Hoy dormiré muy bien.